Todos nos mirábamos unos a otros, alguien había dado el
chivatazo, nunca antes el blog había tenido ninguna de nuestras noticias, pero
alguien lo había contado. ¿Quién?
La tensión subió y todos nos miramos recelosos, todos
nuestros teléfonos tienen Internet, pudo ser cualquiera.
-Bueno no nos estresemos-intentó decir Alejandro- todo el
mundo sabe que…
-¿Que qué?- gritó Claudia- que tenemos un topo en la
pandilla y hay que sacarlo de aquí
-No te alteres-prosiguió él- seguro que no lo hace con ganas
de mal.
Nos enzarzamos en una discusión sobre quién podía ser el/la
chivato/a, todo parecía apuntar hacía Lorena y no podía permitirlo.
-Me apuesto lo que quieras a que no ha sido ella-dije- jamás
haría algo así.
-Eso lo dices solo porque es tu amiga- amenazó Omar.
-Estás más guapo calladito-dije con frialdad.
Molesta y enfadada, Lorena se levantó y se fue,
probablemente fuese a casa, así que la seguí. Nadie vino conmigo.
Aquellos dos días siguientes Lorena se negó a salir, dijo
que habían herido sus sentimientos y hasta que no le pidieran perdón no saldría
más. La comprendí, en más de una ocasión se la había acusado de cotilla, pero
yo tenía más que claro quién era el topo, y sospechaba bastante bien, por lo
que me decía mi instinto.
El tiempo iba pasando, y el grupo se desmoronaba, Celia
había empezado a salir con Pablo y Claudia la había llamado de todo menos
guapa, parecía imposible que no hace mucho eran muy buenas amigas, sino las
mejores.
Presionada hablé con el grupo justo el día que volvió
Lorena.
-Creo que nos estamos desmoronando como grupo, como
pandilla, como amigos.
-En el fondo se que tienes razón- comentó Lucía- quizas lo
mejor sería dejar de salir.
La miré lentamente, su cara me decía que estaba hablando
en serio, pero una pequeña parte de mi no pretendía hacerse a la idea.
Lentamente cogió a Izan de la mano y se fueron.
-¿Alguno más lo piensa así?- pregunté, el resto se fue
retirando, quedamos Celia, Pablo, Lorena, Adrián, Mario y yo.
Una lágrima resbaló por mi mejilla, y eché a correr, nadie intentó detenerme,
sabían que estaba muy enfadada y nadie iba a poder hacer nada por mí hasta que
yo no quisiera.
-¿En esto nos hemos convertido?- dije mirando la foto de la
cena de graduación que habíamos organizado nosotros- ¿en un grupo de tontos que
ha tirado su amistad por la borda? Mi vida es una mierda, lo sé.
Me llegó un mensaje del blog. “La happy pandi se
desmorona” No me molesté en leerlo, lo
vivía de primera mano.
Sabía de sobra lo que pensaba Izan y su novia, se casaban el
mes que viene y nadie los iba a detener; sabía lo que sentía Celia, sus padres
no aprobaban a Pablo, pero ella seguía completamente enamorada; conocía que
Patricia estaba loca por Daniel y él seguía con Sofía. Todos eran felices y
mientras yo, seguía aquí, amargada, contándole al mundo mi vida, diciendo a
través de una historia las palabras que en persona no salían. Me sentía como
una mierda, como una pieza inútil en un ajedrez gigante. Como una de esas
muñecas de adorno.
Y aunque Mario intentó llamarme un millón de veces y Lorena
insistía en que le cogiese el teléfono, yo, me veía en la grandiosa necesidad
de seguir evitándole.
Pronto volvió a sonar el teléfono, me acerqué para ver el
número y descubrí que no era para nada mi mejor amigo, sino Lucía, seguía un
poco molesta con ella, pero aún así contesté:
-¿Sí?-dije
-Por fin le coges el teléfono a alguien-suspiró al otro lado
de la línea- verás, como sabes me caso el mes que viene con Izan, y no tengo
madrina, porque Sara está de vacaciones. Así que he pensado que la mejor forma
de pedirte perdón era ponerte de madrina. Comprenderé que estés enfadada pero
Izan quiere que la corbata del padrino sea rojo Burdeos y la madrina tiene que
ir de ese color…
-Y como no es un misterio que mi color favorito es el rojo
Burdeos has pensado en preguntármelo ¿no?
-Exacto, así que ¿te gustaría ser la madrina de mi boda?
-Claro que sí, ¿ya habrás escogido vestido no?
Las cosas quedaron arregladas entre nosotras y la pandilla
volvió salir, aunque nos pasábamos el tiempo ultimando los preparativos de la
boda de Izan y Lucía…
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