Cuando me desperté el viernes, sentí que no iba a ser mi día
de suerte, el cielo estaba nublado y hacía mucho viento, encima tenía frío,
mucho frío.
Lo siguiente que me pasó esa
“adorable” mañana fue encontrarme una mancha en mi blusa favorita, estaba
hablando con Celia, de camino al supermercado para comprar el pan.
-Y lo que te estaba contando
¡HAY UNA MANCHA EN MI BLUSA!
Solo eran las diez y ya
estaba odiando terriblemente ese día. Intentamos frotar la mancha, pero solo
conseguimos que empeorara, lo que era una auténtica mierda…
Así que tuve que cambiarme
de ropa, lo que era todo un fastidio, algo cabreada volví a casa justo después
de comprar y me puse a preparar la comida.
Tras pensarlo un poco decidí
hacer unos macarrones y sonó el timbre, abrí, era Patricia.
-¿Tienes un minuto?
-Que remedio- vi un
semblante de preocupación en su cara- ¿qué pasa?
-Pues verás es que, no se
como decirlo pero, Daniel está ligando conmigo y Alejandro me ha pedido que
vaya con él a la reunión y mi cabeza está loca.
Un problema de amor más para
tantos que conozco, en ocasiones me pregunto si me han visto cara de psicóloga…
-Cariño Patri, comprendo lo
que me quieres decir, pero tú debes elegir a uno, y si no puedes, vete a la
reunión con otro.
Sonreí, me levanté y seguí
cocinando, lo cierto es que algo me comenzaba a oler mal y en cuanto levanté la
tapa de los macarrones lo vi.
-FUEGO-grité mientras tiraba
un paño mojado sobre la pota.
Patricia corrió en mi ayuda
e hicimos lo que pudimos por salvar la olla y nuestra comida de hoy, finalmente
lo dejé por imposible y pedí comida china, ya que ni Lorena ni Celia tardarían
mucho en llegar. Lorena entró corriendo asustada:
-¿Qué pasa? Se huele el humo
desde el portal- gritó alterada.
Le explicamos la situación
al mismo tiempo que tratábamos de tranquilizarla, se estresaba con facilidad y
eso no era nada bueno para su salud.
Yo estaba algo cabreada, ya
llevaba dos contratiempos en un mismo día y algo me decía que hoy iba a haber
muchos más. Cuando Celia llegó nos dijo muy molesta que fuera hacía un frío
enorme y estaba comenzando a llover, miré el cielo, las nubes amenazaban
tormenta…
La tarde pasó más o menos
tranquila, sin mayor noticia que comenzó una tormenta y nosotras cuatro (Patricia
también), nos estuvimos preparando para la dichosa cena alrededor de dos horas.
Cuando salimos en dirección al restaurante decidimos ir y volver andando, ya
que tampoco habíamos reservado muy lejos de nuestra casa.
De camino intentamos refugiarnos
en los salientes de los edificios, ya que el viento se había cargado nuestro
paraguas.
La cena era prácticamente
perfecta, durante ella, contamos nuestras aventuras de hoy, y a Mario le
parecieron muy graciosas.
-Claro que esté apunto de quemar
mi cocina, mi casa e incluso que yo hubiese podido morir quemada junto a
Patricia resulta divertidísimo.
Todos estuvieron de acuerdo
en que hoy había tenido el peor día de mi vida, y lo comentamos en cuanto
comenzamos a tomar el postre.
-Esto está delicioso-comentó
Lidia- qué lleva.
Todos miramos interrogantes
al camarero, que comenzó a decir ingredientes:
-Galletas, chocolate,
helado, crema, y diversos frutos secos como: avellanas y nueces.
-¡NUECES!- exclamé
escupiendo la tarta- soy alergica a las…-comencé a toser fuertemente. Y luego,
todo estaba negro.
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