Desperté debido al sonido de mi tono de llamada, bufando,
cogí mi teléfono y vi que era mi padre.
-¿Si?
-Siempre igual, contestando con un “Si” – dijo mi padre
-¿Me has llamado solo para comprobar que contestó como llevo
toda mi vida contestando? En serio papa…
Pues resultó que no, que decía que hacía mucho que no iba a
verlos y todo ese rollo que suelen soltar tus padres, así que decidí ir a comer
con ellos.
-No comeré en casa- le dije a Lorena que estaba concentrada
matándose en quitar una cosa que alguien había pegado en nuestra ventana a
través de la escalera de incendios.
-Ni yo- contestó ella mientras seguía a su tarea- ¿Cecu tu?
-Yo tampoco- contestó Celia al mismo tiempo que salía del
baño envuelta en una toalla
Al mismo tiempo yo abría la puerta y solté.
-Chao
Bajé las escaleras lo más rápido que pude y me dirigí a mi
casa, el lugar donde me había criado desde que tengo memoria, era un edificio
sencillo; tenía cuatro plantas y en cada una de ellas encontrabas 2 pisos del
tamaño adecuado para una familia de 3 personas. Entré al portal y aspiré el
conocido olor a humedad, siempre tuvimos problemas por lo húmedo y frío que era
la casa, pero nunca nos quejamos excesivamente.
Tomé el ascensor y pulsé aquel viejo botón del 3er piso que
estaba roto por algún gamberro que se entretuvo en quemarlo, probablemente
hubiese sido alguien de mi grupo.
El principio de la comida fue bien, todo falló en el momento
en el que al posar el postre en la mesa mi madre dijo:
-Alicia, tienes una hermana.
Me atraganté con mi tarta favorita y eso que no llevaba
nueces. Grité un “que” y en mi opinión se oyó tres manzanas más allá seguro.
Me lo contaron, como yo había nacido con una gemela, igual
que yo, la única cuestión es que a los dos días a mis padres les dijeron que
ella había muerto.
-Un bebé robado- mascullé.
Me dijeron que mi Rocío (que así se llamaba) apareció hace
una semana reclamando una prueba de paternidad. Mis padres no tuvieron
inconveniente y se destapó la verdad sobre los misteriosos casos que estaban
asolando la nación últimamente.
Eso fue como si algo me partiese en dos. Me sentó como una
patada en el culo. No sabía si echarme a reír o salir de casa. Disculpándome
opté por esta última y cuando entré en el ascensor me derrumbé en el suelo.
Cogí mi móvil y vi un mensaje de Mario:
“Así que ayer te pasas por la discoteca, me ves y no me
saludas?”
-Mierda- susurré- Rocío esta aquí y estoy dispuesta a
conocerla.
Oí el particular sonido del ascensor al llegar al piso
deseado, como un autómata caminé hacia casa de Patricia. Necesitaba apoyo moral
como acostumbraba a decir ella.
Toqué el timbre y me dejó subir. En cuanto abrió la puerta
me dirigí a su sofá y me tumbé como si de mi apartamento se tratara.
-¿Qué pasa?- me preguntó
-¿Qué me dirías si te dijera que puedes ver dos Alicias por
la ciudad sin estar borracha?
Abrió la boca, me miró, articuló un par de sonidos y varias
palabrotas. No la dejé decir nada más, le expliqué lo que pasaba y la cuestión
era: ¿cómo íbamos nosotros a encontrar a Rocío? Y más importante, ¿qué pasaría
cuando ella me viera? Entonces mi amiga dijo algo.
-Tienes una gemela…
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